Revisionismo de los disturbios del 6 de enero e implicaciones políticas
En el aniversario del motín del 6 de enero que casi derribó la democracia (más rápidamente que ahora), los gurús y chiflados en el poder inventaron una historia desquiciada y revisada del suceso, tan "malvada", "patológica" y profundamente "propaganda stalinista" que, de alguna manera, nos ha arrastrado aún más a través del espejo. En su relato, "patriotas ordenados" marcharon al Capitolio, demócratas que "revirtieron magistralmente la realidad" "organizaron la verdadera rebelión" y Trump "triunfó sobre la tiranía". Arriba es abajo. Orwell vive. Hace unos días, Robert Reich describió la insurrección del 6 de enero como "el día más vergonzoso de la historia estadounidense". Luego, sabiamente, subió la apuesta para trazar una línea directa entre ese crimen y todos los demás, incluida la captura de Maduro, argumentando que todos se basan en la misma premisa inquietante: "La arrogancia de la omnipotencia". Muchos han hecho la misma conexión, calificando el 6 de enero como una clara "bifurcación en el camino" cuyas implicaciones morales (la supremacía de la lealtad política sobre el estado de derecho) envenenaron todo lo que siguió.